Edición

Textos

Creación

Empresa

Proyecto

Libros

Literatura

Autor

Cartagena

La llamada del Pirata 4 - Relato de Rubén Ramirez

 

  Inicio   Enlaces   Contacto

 

Relatos

La llamada del pirata (1)

La llamada del pirata (2)

La llamada del pirata (3)

La llamada del pirata (4)

La llamada del pirata (5)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La llamada del pirata (4) - Relato de fantasia heróica

Los días que siguieron a la batalla fueron tristes. Se habían desecho de los cadáveres daneses de forma poco ceremoniosa, lanzándolos por la borda, semidesnudos después de saquear los cuerpos. A modo de homenaje, habían agrupado los cadáveres de sus compañeros en el puente de mando de la galera, vestidos con sus mejores galas y empuñando las últimas armas que pudieron usar. Después izaron las velas y el barco danés partió a la deriva, conquistado por los caídos.
La tripulación del Libertador quedaba reducida a la mitad, y la algarabía tardó en volver a las tardes de popa. El cielo brilló claro y despejado durante semanas, pero el barco se deslizó por las aguas apático, como un náufrago en la inmensidad de un océano vacío. Sin embargo, el paso del tiempo despejó las mentes y acalló los lamentos, los piratas relamieron sus heridas y la vida volvió a la normalidad de alta mar.
Un día Zerraim se levantó extraordinariamente pálido. Él solía mostrarse cansado muchas mañanas, como si no hubiera pegado ojo, si bien a las pocas horas recuperaba el carácter amigable que le caracterizaba en el barco. Aquel día el aspecto lánguido y el comportamiento taciturno le duraron hasta el atardecer, y no fue hasta consumir una buena cantidad de vino que dirigió unas palabras al gran capitán.
- Tengo miedo del futuro, amigo – dijo con voz suave, sin mirar a O’Caran a los ojos- He visto al diablo en mis sueños. No sé donde y no sé cuando, pero he mirado en sus ojos y he visto la muerte.
- Es… es solo un sueño, Zerraim- el gran pirata trató de calmarle, pero la preocupación se mostró en su tono quebradizo.
- Sucederá- afirmó el joven vaciando el vaso de un trago- Sólo espero que sea tarde y podamos acabar este viaje. Descubriremos un nuevo Mundo, y después, ¡Qué el diablo me lleve!
Zerraim solo pronunció estás fúnebres palabras y las horas pasaron muy lentas. La oscuridad llegó en silencio, mostrando aquella noche su cara más negra. En un cielo sin estrellas la Luna decidió permanecer oculta, como si quisiera acompañar con su ausencia los atribulados pensamientos del muchacho.
Navegaron muchísimos días, la tripulación ya había perdido la noción del tiempo cuando el gran capitán señaló las playas de la última isla conocida, el último bastión de occidente. Aquel era un punto remoto e impensable para la plana mayor de los marineros, si bien los frutos de sus bosques habían sido degustados por unos pocos intrépidos de los mares. Se encontraban ante la última parada programada por el capitán y la tripulación la disfrutó como si fuera un gran tesoro. Allí pudieron pescar, correr y disfrutar de aquellos simples placeres que sacrificaban en la larga travesía.
Se demoraron dos días, y al partir, abarrotaron el barco de frutos, pescado y agua potable. Por fortuna, las reservas de alcohol aguantaban, si bien la carne salada se había agotado hacía ya varios días.
Comenzó el trayecto por aguas inexploradas y resultó complejo desde el principio, pues las tormentas se sucedieron día tras día. Poco tiempo después, el viento se olvidó de soplar y los marineros tuvieron que hartarse a los remos.
El sufrimiento y la inquietud aumentaron a cada kilómetro y sin embargo, ni una sola palabra de reproche se oyó a bordo del Libertador. Las provisiones se agotaban y las tormentas, los vientos cambiantes y la niebla hacían imposible la orientación la mayoría del tiempo. A pesar de todos estos impedimentos, el gran capitán nunca dudaba a la hora de marcar el rumbo, y el barco, aquel magnífico navegador del mar, aguantaba las embestidas más furiosas y dañinas.
En una atronadora protesta del mar, las olas llenaron de agua la cubierta del barco y resquebrajaron el palo mayor. En un impensable ciclón de viento las aguas se levantaron y el barco se elevó y una cámara del casco quebró y se inundó. Maltratado como nunca, el valeroso Libertador se mantuvo a flote hasta el final, y los desfallecidos piratas mostraron su mismo coraje.
Llego el día en que un pirata desesperado anunció el avistamiento de tierra y el júbilo explotó tan ruidoso como tamaña hazaña merecía. La tierra se extendía en el horizonte como una gran mancha, como una inmensidad escondida.
- Ahí está - dijo Zerraim, y su tono serio y agotado no escondía su profunda satisfacción.


 

Enviado por : rubenramirezlorenzo@yahoo.es

** Este relato esta dividido en 5 paginas, para continuar leyendo la historia utilice los enlaces a la izquierda.

 

 

 

 

 


Copyright © 2006 Ediciones DMC