|
A la amada muerta
Me tienes acorralado en mi lecho, mientras siento el trajinar de
tu aire...denso,
como la oscuridad que nos neva...
Con los ojos cansados de insomnio, en el juego infinito de las
sonrisas cortadas.
Me he sentado nuevamente ha escribirte, en estos días de invierno
interminables
donde la ausencia de tu espectro causa estragos a mi piel...
Marcha tras los días felices dejándome solo un velo de perfumes
celestiales,
que me plagan el cuerpo de frustraciones y miedos...
A veces se me atraviesan las luces de nuestros atardeceres pasados,
brindándome un poco de serenidad, en medio de esta serie de
horrores...
Me llaman con la misma suavidad con que acariciaban tu rostro...
Siento una ansiedad increíble en contra de los reinos de mi
mente...¿sabes?...
en cuanto duermes estos te plagan, dejándote estremecido ante tanta
belleza...
los míos, en cambio, son hostiles a tu imagen... debe ser este miedo
de verte
y abrazarte durante horas, y después tratar de desentenderme de mi
mente,
el que me tiene escribiéndote de esta forma...
Verás, después de los sueños, no queda de ti, si no, una nostalgia
indómita...
y luego el morir un poco cada alborada por ese malestar de no
tenerte en presencia completa;
te dije luego de esto... "¡me haces daño, vete, por favor!",
pero me arrepiento...
¡Ah, se apagaron tus ojos después de las palabras!...
¡es tan inhóspita esta heredad mientras respira la noche!...
Enviado por :
Anonimo
|